En este tiempo pascual nos alegramos profundamente de poder anunciar la apertura de una nueva casa de formación para el Juniorado Continental de América en Cochabamba, Bolivia. Una decisión que es el fruto maduro de un profundo proceso de escucha y discernimiento compartido por el Gobierno Ampliado y que responde a los acuerdos del XVIII Capítulo General.
La nueva presencia en Cochabamba surge en un momento de claroscuro para la Compañía en tierras bolivianas. Mientras se cierra un ciclo de fecundidad teresiana en la Diócesis de Santa Cruz con la salida de la comunidad de San Julián , el Espíritu ha soplado con fuerza invitando a no abandonar este territorio donde la vida está particularmente amenazada. Como aquel encuentro nocturno de Nicodemo con Jesús, este proyecto nace de noche, en la incertidumbre, pero lleno de ilusión y esperanza en que será un lugar privilegiado para que la Compañía siga creciendo.
Nos acercamos a Cochabamba "de noche", reconociendo que la fragilidad de nuestra presencia —reducida y sin relevos fáciles— nos urgía a buscar caminos nuevos. Es en esa oscuridad donde ha resonado la invitación de Jesús: "Es necesario nacer de nuevo". Este renacer implica la valentía de soltar viejas seguridades y dejarse transformar por el viento del Espíritu que sopla donde quiere, llevándonos a una misión renovada y más intencionada en el acompañamiento de nuestras hermanas jóvenes.
Aunque hoy este proyecto pueda parecer pequeño y frágil, está habitado por la misma ilusión y confianza ilimitada que sostuvo a San Enrique de Ossó en aquel desvelo nocturno del 2 de abril. Como aquel sueño inicial, que navegaba entre la intuición y la realidad, la comunidad de Cochabamba inicia ahora un camino en el que todo está por hacer, todo es oportunidad.
Esta nueva comunidad nace con vocación de ser una tienda del encuentro, donde la vulnerabilidad se abrace como un lugar de fecundidad y donde se aprenda a caminar juntas, al modo de Rut y Noemí, sosteniéndose mutuamente en tiempos de incertidumbre. Además, Cochabamba se perfila como un espacio de gestación sinodal y continental, donde las fronteras locales se desdibujan para dar paso a un "nosotros" más amplio y universal. Es una apuesta osada por el futuro, un compromiso de permanencia en Bolivia desde un modo de estar más encarnado, cercano al pueblo y atento al clamor de los pequeños.
Con gratitud por la vida entregada en San Julián y con el corazón disponible para lo que está por nacer, la Compañía se pone en camino. Lo que hoy comienza como una semilla silenciosa en el corazón de América, confiamos que, por la gracia del Espíritu, se convierta en un espacio donde la vida crezca con fuerza, recordándonos que Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas allí donde nos atrevemos a nacer de nuevo