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Salida de San Julián, Bolivia.

foto de portada

La hermana Beatriz A. Castro Flores stj nos relata, en primera persona, cómo ha sido la salida de la comunidad de San Julián y cómo vive con gran esperanza, junto al resto de su nueva comunidad, el inicio de una incipiente andadura teresiana en Cochabamba, donde se va a abrir una comunidad formativa que acogerá el juniorado continental.

"Con el corazón rebosante de nombres, rostros y caminos recorridos, las Hermanas de la Compañía de Santa Teresa de Jesús: Elda Rosa Améndola Ávila, María de las Nieves Sanz Hidalgo, Beatriz Adriana Castro Flores junto a Agnieszka Matyka cerramos un capítulo luminoso en la localidad de San Julián, Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Tras más de tres décadas de presencia ininterrumpida, contemplamos con gratitud la misión que Dios nos confió en estas tierras. Por este lugar, han pasado numerosas hermanas que, a lo largo de casi 34 años, entregaron su vida y su vocación, dejando una huella imborrable en el corazón de San Julián.

No es fácil poner palabras a tantos años de vida compartida. Al mirar hacia tras, no vemos programas o proyectos, vemos rostros. Vemos a un pueblo que nos enseñaron con esperanza; vemos las sonrisas de niños y jóvenes que fueron el centro de una educación al estilo teresiano; guardamos en el alma el abrazo de una Iglesia local que, con su calidez y cercanía, nos permitió sentir que este pueblo era, nuestro propio hogar.

Nuestra presencia en San Julián, para tantas hermanas que caminaron estas tierras, no fue un simple destino ni una estancia pasajera; fue una encarnación al estilo teresiano, donde el “Sólo Dios Basta” se hizo carne, rostro y compromiso compartido con el pueblo.

San Julián, ha sido para nosotras una zarza ardiendo, en donde Dios nos habló en la sencillez, en el rigor del calor cotidiano y en la lucha incansable por la dignidad humana. No tenemos duda de que Dios ha sido el gran protagonista de esta historia; su mano fue conduciendo cada uno de nuestros pasos.

Hoy, al mirar atrás, agradecemos:

  • La fe compartida: Esa fe sencilla y profunda de la gente de San Julián que tantas veces evangelizó nuestra propia consagración.
  • La misión educativa: Haber sido instrumentos de transformación a través de la educación, viendo crecer a generaciones con el sello de "ser cristianos y ciudadanos".
  • La fraternidad: Los lazos creados con las familias, docentes, niños, jóvenes y la iglesia local, quienes nos despidieron con mucha nostalgia.

Nos vamos con la paz de la misión cumplida y con la certeza de que nuestra vida es un “sí” permanente, dispuesto a abrazar con docilidad al Espíritu que ahora nos impulsa hacia un nuevo horizonte.

No nos vamos por cansancio, no por falta de fe, nos vamos porque la Iglesia y la Compañía nos llaman a cuidar el brote más tierno de nuestra propia familia religiosa, y poder abrir la comunidad formativa para nuestras hermanas junioras en Cochabamba.

Dios ha sido grande con las que nos tocó cerrar esta obra querida, sencillamente, estamos muy conmovidas y con el corazón desbordante de gratitud. San Julián queda en manos de Dios y de una comunidad laical fortalecida, mientras nosotras cambiamos de paisaje, pero no de pasión.

Nos toca ahora, ser otras hermanas, quienes se disponen a ser "tierra fértil" en un nuevo destino. Siguiendo las huellas de nuestra madre, Santa Teresa de Jesús, abrazamos la itinerancia como parte esencial de nuestro ser, sabiendo que el único centro firme es la Voluntad de Dios. Porque si bien “todo se pasa” y “sólo Dios no se muda”, avanzamos hacia lo nuevo con la alegría de saber que todo lo vivido y lo por venir, se resume en palabras de nuestro padre San Enrique de Ossó, en un solo latido “Todo por Jesús”."

Hna. Beatriz A. Castro Flores stj.

Cochabamba, 10 de abril 2026.

Damos gracias a Dios por toda la vida entregada en San Julián y encomendamos la nueva misión en Cochabamba.

  • fotos de la despedida