Un tiempo de gracia
Estos primeros meses en Cochabamba han sido un tiempo de mucha gracia, aprendizaje y creación de comunidad y hogar. Comenzar esta nueva etapa ha supuesto adentrarnos poco a poco en una tierra, una cultura y una realidad hasta ahora desconocidas para muchas de nosotras. Hemos ido aprendiendo a familiarizarnos con el clima de frío seco, la altura, la geografía y los ritmos propios de la ciudad; a tomar los trufis, ubicarnos en las calles, conocer el barrio, acercarnos al mercado y preguntar a los vecinos para orientarnos.
En este proceso de adaptación nos hemos sentido profundamente acogidas y abrazadas por la gente. Tanto religiosos como laicos y vecinos del barrio nos han brindado una recepción cercana, cálida y generosa. Hemos podido acercarnos más a Cochabamba y a su manera de celebrar a través de las fiestas patrias, la celebración de Nuestra Señora de Urkupiña y otras festividades locales. También hemos visitado la parroquia, la Universidad Católica Boliviana, el centro de la ciudad y el Cristo de la Concordia.
Crear comunidad
La llegada y conformación de la comunidad ha sido otro de los grandes procesos de estos primeros meses. Comenzamos preparando la casa, conociendo la zona y vinculándonos poco a poco con las personas y los diferentes espacios. La llegada de las hermanas fue llenando la casa de vida y nos animó a comenzar juntas esta nueva aventura comunitaria. Ha supuesto aprender a acoplar ritmos, culturas, experiencias y personalidades diversas, reconociendo que cada una llega con una historia, una cultura y un camino de misión diferentes.
La convivencia cotidiana nos está invitando a ejercitar la escucha, la paciencia, la apertura y la alegría compartida. Hemos tenido que reorganizar nuestros espacios personales, adecuarnos a la casa, aprender a vivir el horario comunitario y equilibrar las tareas compartidas con las responsabilidades personales y apostólicas. Poco a poco vamos construyendo una fraternidad en la que cada una aporta sus talentos y dones y donde la diversidad se convierte en una riqueza para la comunidad.
En este proceso ha sido muy importante escucharnos y compartir cómo vamos viviendo nuestra inserción. Las reuniones comunitarias y los distintos espacios de encuentro nos ayudan a acoger la experiencia de cada una, reconocer las dificultades y agradecer los pasos que vamos dando. Queremos cuidar especialmente la misión de ser comunidad formativa, comprendiendo la comunidad como lugar teológico, de revelación y de misión. Por eso buscamos que lo que cada una vive en su misión pueda ser acogido y compartido por todas, sabiendo que la misión de cada una es, en cierto modo, la misión de todas.
Encuentros profundos
Durante este tiempo también hemos podido disfrutar de encuentros significativos que nos han ayudado a conocer mejor la realidad y la historia de este país. En agosto recibimos con alegría la visita de Blanca, con quien pudimos compartir unos días, escuchar su experiencia y conocer parte de la historia vivida en Bolivia. Juntas visitamos Tarata. También hemos experimentado la alegría de ser casa abierta al compartir con familias amigas algunas celebraciones, como las fiestas de la Independencia de Cochabamba y de Nicaragua.
Después de un primer tiempo dedicado a conocer y explorar los diferentes espacios de misión, fuimos discerniendo aquellos lugares en los que podríamos colaborar y hacer vida nuestra misión intercongregacional. Este proceso nos ha permitido acercarnos a distintas realidades sociales, eclesiales y culturales y descubrir en ellas espacios donde Dios nos habla y nos invita a servir.
Actualmente participamos en diferentes campos de misión. En la Capilla San Miguel, situada en nuestro barrio y acompañada por los Padres Jesuitas, colaboramos en el coro, en la preparación para los sacramentos de Primera Comunión y Confirmación, en el grupo de oración y en el acompañamiento de la comunidad. También colaboramos con las Hermanas de la Compañía de María y los Hermanos de La Salle en el acompañamiento y formación de niños, niñas y adolescentes con necesidades especiales, especialmente a través de la Fundación Uramanta y del Centro Cañas, donde participamos en actividades de refuerzo y huerta escolar.
Otro de nuestros espacios de misión es la Universidad Católica Boliviana, donde participamos en la pastoral universitaria y colaboramos en diferentes iniciativas. Ofrecemos también acompañamiento en el Centro de Espiritualidad Ignaciana (CEI) y formamos parte del directorio de la Facultad de Teología y del CEI. Los estudios universitarios forman igualmente parte de la misión de las junioras, quienes continúan su formación en Teología.
También colaboramos en la Secretaría Nacional de la Conferencia de Religiosas de Cochabamba y en la Pastoral Penitenciaria, acompañando a mujeres de la cárcel de San Sebastián. Estos espacios nos permiten acercarnos a distintas realidades, conocer de cerca las alegrías, luchas, búsquedas y esperanzas de las personas y de la sociedad local.
La misión está siendo para nosotras una oportunidad de entrar progresivamente en contacto con la realidad social, eclesial y cultural de Cochabamba y de descubrir cómo responder a sus necesidades desde lo que somos y desde nuestro carisma teresiano. Queremos vivir esta inserción de manera gradual, en colaboración con otros y otras, dejándonos interpelar por las personas y por las realidades que vamos conociendo.
Es tiempo de caminar
Han sido pocos meses, pero intensos. Poco a poco vamos pasando de ser recién llegadas a sentirnos parte de esta tierra, de este barrio, de esta Iglesia y de esta comunidad. Todavía queda mucho por conocer, aprender y discernir, pero caminamos con apertura, gratitud y compromiso.
En medio de todo este proceso, dejamos que las palabras de Teresa y Enrique nos acompañen y orienten: «Es tiempo de caminar…». Y caminamos juntas, aprendiendo a hacer de esta nueva tierra, de esta comunidad y de esta misión un espacio donde seguir descubriendo la presencia de Dios y encarnando, desde lo que cada una somos, el carisma teresiano.