Más de 410 alumnos activos han participado en «Vernos con verdad- El inicio de nosotros», la primera etapa del Curso Internacional Teresiano «Tejiendo la identidad comunitaria: ser y hacer con otros/as», acompañado por Marcelo Manucci. Esta primera etapa ha tenido lugar del 5 de septiembre al 3 de octubre.
Mirarnos para poder encontrarnos
El itinerario ha partido de una convicción fundamental: para construir un verdadero «nosotros» es necesario comenzar por mirarnos con verdad. En un contexto marcado por la inestabilidad y la incertidumbre, el curso ha invitado a reconocer el propio paisaje interior —las narrativas, emociones, percepciones y límites desde los que interpretamos la realidad— para descubrir cómo estos influyen en nuestras decisiones y en nuestra manera de relacionarnos.
Uno de los ejes trabajados ha sido la diferencia entre las limitaciones del contexto y los límites que construimos en nuestro paisaje interior. La propuesta de Manucci invita así a poner atención no solo a lo que sucede, sino también a la manera en que cada persona lo percibe, lo narra y responde ante ello. A lo largo de la etapa, los participantes han podido identificar distintas formas de situarse ante las experiencias y los cambios: inercia, resentimiento, conformismo y exploración.
Del «no puedo» a pequeños movimientos posibles
La propuesta formativa también ha ofrecido herramientas concretas para acompañar procesos de cambio. Una de ellas ha sido el trabajo con los llamados «verbos vecinos»: en lugar de enfrentarse directamente a aquello que se percibe como imposible, se trata de identificar pequeñas acciones posibles que permitan avanzar progresivamente.
Así, verbos como crear, explorar, cuidar, descubrir o transformar abren caminos distintos a aquellos que mantienen la energía centrada en resistir, aguantar, soportar, justificar o postergar. La metodología propone rodear aquello que parece imposible mediante pequeños movimientos alcanzables, generando condiciones para que puedan aparecer nuevas posibilidades.
Del «yo» al «nosotros»
Aunque el camino comienza con un ejercicio personal de autoexamen, la finalidad de la propuesta es profundamente comunitaria. Mirarnos con verdad no es un fin en sí mismo, sino una condición para poder ampliar la mirada y construir relaciones y proyectos compartidos.
Esta primera etapa ha invitado a salir del «modo selfie», desplazando el foco del propio centro para reconocer la complejidad de la escena, descubrir a otros actores y prestar atención a posibilidades que antes podían pasar desapercibidas. Desde esta perspectiva, construir comunidad implica aprender a mirar más allá de uno mismo y reconocer que el futuro se crea con otros.
En este camino aparecen tres pilares para reinventar el futuro comunitario: marcar territorios con inspiración, dando un sentido compartido; fortalecer los vínculos, creando redes de apoyo donde lo nuevo pueda sostenerse; y afrontar los desafíos con confianza, convirtiendo la incertidumbre en una oportunidad de exploración compartida.
Un primer paso para seguir tejiendo identidad comunitaria
El recorrido deja abierta una invitación: ampliar la mirada, reconocer los propios límites y posibilidades, fortalecer los vínculos y comenzar a imaginar juntos nuevos horizontes. Porque la construcción de la identidad comunitaria comienza cuando somos capaces de vernos con verdad y, desde ahí, aprender a mirarnos y caminar con otros. ¡Seguimos caminando y damos paso a la segunda etapa de este curso!