El CIT de Tiberíades ha ido llegando serenamente a su orilla. Después de días intensos de encuentro, escucha, oración y convivencia, volvemos la mirada agradecida al camino recorrido, reconociendo que Dios ha seguido tejiendo entre nosotras una historia compartida.
En los últimos días, la hermana Liliana Franco nos invitó a escuchar con oído y corazón de mujeres hasta nacer de nuevo. De la mano de Rut y Noemí descubrimos la fuerza de una escucha que acompaña, sostiene en la noche, atraviesa las crisis y permanece fiel al lado de quien camina con nosotras. La escucha apareció como el primer paso de toda conversión, una actitud capaz de abrirnos a la novedad de Dios y de hacernos verdaderas artesanas del encuentro.
Sus provocaciones sobre la fidelidad nos impulsaron a revisar nuestras seguridades, a abrazar el cambio sin perder la esencia del carisma y a vivir una fidelidad sólida, contemplativa y fecunda.
Más adelante, la hermana Isabel del Valle nos condujo por la experiencia de Teresa de Jesús para reconocer, agradecer y despertar al amor. A través de la determinación, la estabilidad, la apertura y la flexibilidad, contemplamos a una Teresa profundamente humana, apasionada por Dios y por la vida, que sigue invitándonos a situarnos con verdad ante nosotras mismas, ante los demás y ante el Señor.
También el camino tuvo sus paradas llenas de significado. La visita al Museo de Santa Teresa, guiadas por el padre David Jiménez, nos acercó a la riqueza humana y espiritual de la Santa desde sus anécdotas y su historia. En Alba de Tormes, la contemplación de la exposición sobre san Juan de la Cruz, la oración junto al sepulcro de Teresa y el encuentro fraterno con las comunidades de Salamanca fueron un regalo que alimentó nuestra memoria agradecida y renovó nuestro sentido de pertenencia.
Ya en el tramo final, Ángela Cuadra nos invitó a mirar el presente con esperanza, reconociéndonos astros humildes que iluminan discretamente la noche, convencidas de que el futuro de la Iglesia y de nuestra vida consagrada no depende de nuestros cálculos, sino de la inquebrantable fidelidad de Dios.
El CIT concluyó con una celebración especialmente bonita: la acción de gracias por los cincuenta años de vida consagrada de varias hermanas. La Eucaristía, sencilla y profundamente emotiva, culminó con el envío de cada participante mediante dos signos llenos de significado: una vela, para seguir siendo luz, y una imagen de Teresa o de Enrique, compañeros de camino y testigos de una fidelidad que sigue inspirando nuestra misión.
Regresamos a nuestras comunidades llevando mucho más que apuntes o recuerdos. Volvemos con rostros, palabras, silencios compartidos y la certeza de que, en medio de nuestras diferencias de culturas, lenguas, sensibilidades y experiencias, Dios nos ha permitido reconocernos una vez más hermanas. Hermanas en la orilla, allí donde termina un camino y comienza otro; donde el Señor nos espera para seguir enviándonos, con esperanza renovada, a escuchar, amar y servir.
"Hermanas, hemos compartido el pan, la Palabra y la memoria agradecida de cincuenta años de vida entregada. Ahora el Señor nos envía de nuevo a nuestras orillas, allí donde cada día nos espera.
Recibid esta vela, con el lema de nuestro encuentro: "Nos reconocemos hermanas en la orilla".
Que su luz nos recuerde que Cristo resucitado siempre nos precede y nos espera en la orilla de cada nuevo amanecer. Que, cuando el cansancio, la incertidumbre o la noche nos visiten, esta pequeña llama nos haga recordar que Él sigue encendiendo nuestra esperanza y reuniéndonos como hermanas. Que allí donde estemos, seamos también luz unas para otras y para quienes el Señor ponga en nuestro camino.
Recibid también la imagen de uno de nuestros maestros de vida.
Que ellos nos acompañen como memoria viva del Evangelio hecho vida. Que su testimonio nos recuerde que la fidelidad se construye cada día, con sencillez, alegría y confianza.
Volvamos a nuestras comunidades con el corazón encendido y las manos disponibles. Que, allí donde el Señor nos conduzca, sigamos reconociéndonos hermanas en la orilla y haciendo visible su amor.
Caminamos en paz porque el Señor camina con nosotras."