El CIT Tiberíades continúa avanzando. Tras los primeros días vividos en Tortosa, marcados por la relectura agradecida de la propia historia y el reencuentro con las fuentes del carisma, las hermanas participantes han iniciado una nueva etapa en Ávila, donde el proceso continúa profundizando en la llamada a vivir con esperanza y renovado impulso misionero.
El paso por los lugares de los orígenes ha permitido volver la mirada a la experiencia de san Enrique de Ossó y de las primeras fundadoras, redescubriendo que el carisma sigue siendo hoy una fuente viva capaz de iluminar la realidad actual. La visita a Vinebre, el encuentro con los espacios donde nació la Compañía y la estancia en el Desierto de las Palmas han ofrecido un marco privilegiado para hacer memoria agradecida y reconocer la fidelidad de Dios a lo largo de la historia.
Ya en Ávila, el itinerario ha dado un nuevo paso invitando a contemplar el mundo con una mirada creyente, "con los pies en la tierra y el corazón abierto". Las hermanas han profundizado en la escucha de la realidad, de la Iglesia y de la vida consagrada, dejándose interpelar por los signos de los tiempos y por las llamadas que el Espíritu sigue suscitando en medio de nuestro mundo.
Este camino de discernimiento se ha enriquecido también con la reflexión compartida sobre la esperanza como tarea y compromiso. La experiencia acumulada durante más de cincuenta años de vida religiosa aparece así no como una meta alcanzada, sino como un don que sigue llamado a generar vida, abrir caminos y tender puentes allí donde la misión lo necesita.
Todo este recorrido se está viviendo en un clima de oración, silencio, diálogo fraterno y trabajo personal, donde cada jornada ofrece espacios para compartir la propia experiencia y acoger la riqueza de las demás. La diversidad de países, culturas e historias personales se convierte, una vez más, en un signo de la universalidad de la Compañía y de la comunión que nace del mismo carisma.
En los próximos días, el itinerario culminará con una profundización en la experiencia teresiana de la interioridad y con la celebración agradecida de la fidelidad de Dios en la vida de cada una de las participantes. El lema que acompaña esta edición, «Nos reconocemos hermanas en la orilla», continúa haciéndose realidad en cada encuentro, recordando que el Resucitado sigue esperando a sus discípulas para renovar su llamada, fortalecer la fraternidad y enviar de nuevo a la misión.