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Fiesta de la Transverberación de Santa Teresa

¡Una fecha especial para la Familia Teresiana!

Enrique de Ossó descubre, en Teresa de Jesús, a la Mujer Nueva. Él, que deseaba profundamente vivir en Cristo, se encuentra con esta mujer totalmente transformada por Cristo.

En su itinerario espiritual, Teresa de Jesús ha hecho experiencia de la eficacia mística de la Palabra de Dios: “Sus palabras son obras”. El mismo Señor, se le dio como “Libro vivo”, Maestro interior, que desde dentro le ha enseñado “todas las verdades”…Y a partir de un determinado momento experimentó  cómo el Amor de Dios “se le metía en las entrañas, hasta transformarla” por la efusión de este amor purificador. Y al contemplarla en este trance, Enrique de Ossó comprende que se ha cumplido en ella exactamente aquel deseo vivo de Jesús: “Fuego he venido a meter en la tierra [de nuestros corazones] y ojalá estuviera ya ardiendo”. Este fuego del Amor de Dios —fuego del Espíritu— como en un nuevo Pentecostés dilata el corazón de Teresa hasta hacerlo eclesial, a la medida del corazón de Dios.

Su especial sintonía con esta gracia mística, nos lleva a preguntarnos si él mismo participó personalmente de esta experiencia, recibiendo los frutos del amor de Dios —celo ardiente—, y con ellos la llamada a ser apóstol teresiano. Lo cierto es que durante toda su vida manifestó un deseo creciente de transformación en el amor y puso los medios para facilitar esta transformación en los hermanos. Ese es el contenido profundo de su misión teresiana. Veamos cómo lo expresa en una meditación tardía Triduo del Corazón de Jesús:

“Oh Amor de Cristo Jesús, que me amas más de lo que yo puedo amar!, ven a mi corazón y reina en él, y con flecha divina traspásalo, como traspasaste el corazón de tus siervos enamorados, en especial como el de mi madre Teresa de Jesús. Envía tu ángel con el dardo de oro inflamado de fuego, y penetra con él mis entrañas, y arráncalas de todo lo creado, y llévalas hacia Ti […]. Ven, serafín deseado, traspasa mi corazón y consúmelo en el divino amor, de suerte que no sepa amar en adelante más que a Jesús y con Jesús. Dame vida y muerte de amor divino […]. No quiero vivir sino amándoos con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas, y trabajando con todo ahínco para despertar otros corazones en vuestro amor”.

Del libro Volver a las fuentes, Carmen Melchor stj